En un domingo cualquiera, un hombre escribe, mientras espera el final:
Hablo, hablo y hablo, escribo cada día, nunca canto. Escucho las noticias, a veces pongo la radio, y pienso, pienso mucho, y me callo. Dudo, me salgo del cuadro, grito para adentro y para adentro salto, me embarco y mi barco zozobra, sobrevivo al naufragio, no le doy coba, habrá un mañana...
Hablo, hablo y hablo, y pienso, y me inquieto, y hago cuentas y dudo si llegar a fin de mes. Hoy he entrado en quiebra. Me da igual. Mañana será otro día, otra vez.
Finjo este miedo. Bueno, no es cierto, este miedo me esquiva. Hay quien ha sabido domarlo. Es como un vértigo insalvable. Salgo afuera, oigo un llanto. El miedo me rodea. Me acurruco y me dejo abrazar en este instante.
Da igual, en parte, todo da igual. El final ya está escrito, incluso antes de antes. No se escapa ni un ser vivo. Y el mar, mientras tanto, y el mar.... Se adentra en el bosque.
Espero mientras tanto.
En un agujero, vil y tramposo, se metió el mercenario con sus cuatro dedos ensangrentados, dos de ellos semejantes a culebras danzantes, sin armas ni gritos ni proezas. No siento las manos cuando me acuerdo del vil crimen, del desenlace, no siento el corazón latiendo, no siento ganas, no siento deseo, no oigo si dudas, no quiero ahogarme en tu mar.
Despierto, el silencio me hunde en este invierno y asumo el destino incierto. Cierro los ojos, le veo, al albur de la bruma desencadena su azote de desenfrenos. Busco calma y siento hastío, nada cambia, siempre gana el mercenario en su quejido, reniega y llena el agujero de sombras, como en una caldera. Nos espera el parnaso y no hemos hecho nada. Tan quejosos y tan inmóviles. Nos ha ganado esta sucinta, ingrata, rutina absurda; el aburrimiento de seguir siendo más de lo mismo.
Es un poco pronto para tener la crisis de los 50 sin tener 50, pero como el acontecimiento es cercano, aunque no inminente, quizá sea un buen momento para utilizar el poder liberador de la palabra para asomarme al auténtico abismo que intuyo ante mí.
Me siento en la cumbre de la montaña rusa, sentada en la carretilla y con el cinturón bien abrochado, en ese momento de pausa antes de que la carretilla se deslice, primero lentamente y luego a gran velocidad, por raíles que me conducirán a la ingravidez, sin más combustible que el pánico y sin más desenlace que el único desenlace posible.
Es esa sensación de estar en el inicio del declive, cuando ya no es posible escribir, sino reescribir. Puede que haya algo nuevo que aún esté a nuestro alcance (plantar un árbol o algo así), pero si no lo hicimos antes fue quizá porque creímos que no era importante, o que no éramos capaces. A cambio hemos perseguido obstinadamente, a menudo con criterios equivocados, el amor verdadero, la felicidad plena, la realización, la satisfacción.
El mundo es pequeño y a la vez está hecho de pequeñas cosas. Estamos poco acostumbrados a mirar la vida despacio, todo ha pasado muy rápido. Y hay cierta sensación de involución, hay cosas que son peor que antes. Pero estamos aquí agarrados a la vida, y yo lo haré, bien agarrada a mi carretilla para no salir despedida.
A veces las cosas ocurren a destiempo... Un objetivo, un sueño, un anhelo, nos esperan como la doblez en la esquina de un libro, para cuando sea el momento. El ansia nos devora, la inquietud, el lento caminar del tiempo. "El tiempo se arrastra a su paso mezquino", decía Harvey Keitel en un film precioso, parafraseando al Paul Auster de la cotidianidad, al de los pequeños milagros, al Auster de la casualidad. El tiempo nos arrastra tras de sí, nos doblega. Pretendemos imitar su paso, pero el tiempo se toma su tiempo. Le observamos inquietos. Se muda y se preserva. Se convierte en futuro al tiempo que nos obliga a pasar ciertas pruebas; la tranquilidad, la quietud, la paciencia. El futuro, no obstante, según leí que dice Agustín García Calvo, “es el vacío que nos impide vivir”. Algo de eso hay en este rincón cósmico. Algo de eso hay en las veredas de infelicidad, en los oasis de silencio, en los bosques de palmeras. Algo de eso hay lejos de aquí, a lomos de una ola, en el centro del castigo, en la mano en el pecho, en el absurdo del cinismo. Crecer para adentro, o para afuera. No hay ninguna respuesta. Sólo la espera.
Tengo recuerdos muy opacos de aquella vez en Belgrado, de camino hacia Grecia, hace casi treinta años.Conocimos a un grupo de universitarios que recitaban a Lorca en español. Nos llevaron de fiesta por la ciudad, bebimos y bailamos toda la noche. La cerveza era fuerte y barata, las botellas grandes.... Cambiamos dinero y nos dieron un millón, nuestro primer millón. Descubrimos una pequeña tienda de vinilos, y allí compré tres veces más barato que aquí el "War", de U2. Yugoslavia era un país. La guerra en los Balcanes estaba a la vuelta de la esquina. Nuestros amigos ya nos hablaron del enemigo, sin empatía, con desprecio. Muchas veces me he preguntado si les mandaron al frente, si salieron de allí vivos. Ya no volvimos a saber de ellos, no nos llevamos ni una sola dirección. Yugoslavia ya no existe. Les recuerdo ahora, en 2018, cuando se cumplirán cien años del fin de la I Guerra Mundial, cuando nació Yugoslavia. Ese año cambió algo más, se inició una nueva etapa, el viejo mundo se moría y dio paso al nuevo. Cien años más tarde ese nuevo mundo es algo más que un ocaso, algo más que un destello. Es una especie de herida que se va agrandando, la herida de las desigualdades, del desconcierto. No hay nada nuevo, es cierto. Siempre ha sido así. A veces hemos creído que los de abajo, podíamos cambiar esa energía. Pronto hará 50 años del Mayo del 68. Del haz el amor, y no la Guerra, del "We Shall Overcome" de la época. Hemos ido dejando por el camino esa esperanza, ese regocijo, y seguimos en un mundo de diferencias y de conflictos. Seguimos celebrando las llegadas de los nuevos años. Y recordando aquello que pasó, ya fueran revoluciones, o fueran ilusiones, como algo que pasó, dispuestos a olvidarlo.
Nada que decir, huyen las miradas.
Ni el grato recuerdo de lo que fue es capaz de alimentar un nuevo fuego.
Se alejaron las luciérnagas para no volver.
Algún espíritu oculto pende aún sobre el invierno, caen las hojas y la niebla se estrella contra la realidad.
Panaceas cóncavas piden su sitio, pero en el infierno ya no cabe nada más; han cubierto el cupo.
5 de enero de 2017
II
Un día, abandonada al libre albedrío de las olas de la conciencia, detendré mi mente, mi espacio, mi tiempo, y te encontraré esperándome sin más vestido que tu pasión.
Y entonces te abrazaré como si hacerlo fuera lo único que tuviera sentido y, así, enlazados, destruiremos cualquier duda o remordimiento, y nos fundiremos en un beso eterno como si la espera nos hubiera alimentado para siempre.
15 de enero de 2017
III
Y al fin, el amante descubrió entre las sábanas las cenizas de mil colores de las alas de una mariposa. Mientras intentaba recordar qué es lo que había pasado, su corazón intentaba parpadear. Se paraba y se encendía como un interruptor. Le faltaba el aliento mientras se encogían sus ganas de llorar; en realidad la mariposa no había muerto, había pasado a mejor vida, sus alas aleteaban en otra dimensión. Lo que no pudo el amor lo pudo el fuego.
30 de marzo de 2017
IV
Si nos ayudamos, en este invierno de nubes opacas intentando fundirse en claroscuros, llegará la primavera hundiéndose en mares de pétalos de un rojizo indecente,
y como quien no quiere la cosa convertirá en lodo el beso de los amantes, y ese lodo nos devolverá una luna más brillante, iluminando una figura frágil; la de una pareja haciendo el amor dulcemente como si nada pudiera poner fin al placer, ni las dudas, ni el desinterés, ni el desasosiego. Ni nada ni nadie quebrará ese deseo. Lo llaman amor, pero es vida.
3 de abril de 2017
V
Perfidia, el gozo sin alambre, insulso, dos huellas y tres presentimientos, sucumbo a esta inundación de desconcierto; creo que me desintegro.
Duda en el requiebro.
24 de abril de 2017
VI
Y crezco sin permiso de hondonadas vacilantes
Aquellas que cubre el destino
Las que sumerge un solo adiós.
Instauro la pena perpetua y me quedo en la orilla de esta mañana, desmantelada y poderosa,
Mil cuervos aguardan con los pétalos de la ira crujiendo y con los cimientos del desprecio entrelazándose, en una danza desfavorable, en una caída sin fin.
El trapecio se balancea con lentitud.
25 de abril de 2017
VII
Como en un llanto imperceptible, discrepo en mil batallas, mis
contradicciones son miles, mueren en mí y en mí nacen.
Esta lucha insoportable no se agota, me devora, el fin justifica los medios sólo a veces, no ahora, cuando ruge el convento lleno de monjas que dicen: sé fiel, no protestes.
Muerta en vida vivo sin muerte, oigo, camino, difumino esperanzas y me repliego ante la duda.
Esta clarividencia tan insensata me agrede.
No hay puertas suficientes para huir de la locura.
25 de abril de 2017
VIII
Un corazón no puede estar hecho jirones, no me convence.
Si acaso puede estar apaleado o maltratado, confundido, desordenado, pero nunca atrapado por la autodestrucción.
Un corazón no deja de latir sin más.
Deja de hacerlo cuando toca, eso es todo.
25 de abril de 2017
IX
Suelo levantar expectativas, me entusiasmo como un niño, me entrego, me coloco en el punto de mira, me miento.
Pero luego me sublevo, me retiro, me asusto, me rebelo. Me enfrío.
Me largo. Me vuelvo esquivo. Desaparezco.
25 de abril de 2017
X
Eres un planeta desconocido, allá donde se sumergen los lirios, y el cielo se abandona dejándose roer entre huracanes; las gotas de bruma oscurecen los párpados de los pájaros.
Tu mundo y mi mundo divergen,
En el ensueño de esta madrugada confundo la fantasía con esta fanática necesidad de amarte.
Mi planeta y tu planeta ni se tocan, ni se encuentran.
26 de abril de 2017
XI
Más que asustada, mi peso se bifurca. Temo a las réplicas, insisto en mantener este pudor, en desarrollarme como una sirena, sin alas y sin piernas, perdida en esta tierra ignota paciente y valiente en sus usos y costumbres, acomplejada, vetusta.
Los insultos me hieren, el momento de emerger, el de reconocerse como una criatura sin futuro.
Falsa es la comprensión, inexistente la empatía. Pudimos haber sido uno solo pero insistimos en bañarnos en este afán de sumergimiento, que solo nos condena al lamento, a la desaparición.
26 de abril de 2017
XII
La memoria improbable de las pequeñas cosas,
El rastro invisible del juego de pelota.
Sentir vuestros cuerpecitos de madrugada
Cuando os acercáis a mi cama
Pasáis brazos y piernas encima de mí.
Sois mi prolongación, mis manos, mis ojos, mis pensamientos.
Os descubro y me descubro.
Sois mi existir, y ahora mismo, no hay nada más placentero que abrazaros.
27 de abril de 2017
XIII
Es normal ser impreciso, titubear. Acogerse al beneficio de la duda si es que la duda tuvo alguna vez algún beneficio.
Es normal darse la vuelta si no hay convencimiento.
Si el amor no es sincero.
Si no puede con todo.
Resulta habitual regodearse en los miedos,
permanecer en silencio cada vez que hay delante algo impropio, poco perfecto.
Suele ser usual confirmar que sin placer también se vive, que uno solo se basta y se sobra, que el amor en realidad no existe, que incluso Dios nos abandona.
Todo es pura invención.
27 de abril de 2017
XIV
Las derrotas ahuecan aún más el agujero del alma.
Aquel que te traga cuando te marchas.
El que no deja rastro de ti.
27 de abril de 2017
XV
No saber
Si el espanto está cerca o lejos
Si el grito de la mañana acaba por apagarse
Si el miedo es una elección
Si son una lección las lágrimas
Lejos de acongojarte
Sigues adelante pese al desconsuelo
No hay nada que te salve
No hay nada que nos salve de esta tristeza tozuda, desesperante
1 de mayo de 2017
XVI
Mañana, antes de que despiertes, habrás olvidado cualquier signo, cualquier recuerdo, cualquier huella. Te habrás dejado succionar por el olvido, y nada de lo sabido, nada de lo vivido, valdrán nada.
1 de mayo de 2017
XVII
Hemos flotado en pensamientos cuyos dueños se esfumaron, vívidos y perpetuos.
Nos dejaron ideas yermas para que florecieran de nuevo, y no saben el vacío que provocaron, no lo saben.
Fueron esos dueños del pensamiento, esos primeros filósofos, los que se dejaron acongojar por dudas que aún nos acongojan, y humildes, nos legaron dilemas en los que nos hundimos como se hunden los pies en el barro.
No hay batalla más perpetua ni laberinto más intrincado, quiénes somos, adónde vamos, y finalmente, vale la pena?
2 de mayo de 2017
XVIII Cierras tu casa aunque esté vacía, no hay nadie en la puerta, nadie llama. Misterios incluso más insondables que el miedo quemaron la entrada, y quedó yerma. No hay nadie que quiera darte la mano, sentir tu cuerpo en un abrazo, soltarte un beso entre los labios. No hay nadie que remueva tu corazón herido; te lo tengo dicho, la sensación va y vuelve, como la marea. Esa obstinada tentación de creerse perfecto, de ser el mejor, el más bueno, se está riendo por dentro. Cubres tu resignada presencia con una manta. Cae el invierno. Y, aún así, es primavera.
31 de mayo de 2017
XIX
Te dije que volveríamos a cobijarnos en cualquier sitio, que dormiríamos sin el ruido de los planes incumplidos, que nos abrazaríamos en el quicio de esta mañana. Te dije que hundiríamos penas y remordimientos, que quitaríamos del mismo cielo las nubes de la tormenta, que cubriríamos la luna de nuestras miserias, que bailaríamos cualquier canción mientras fuera nuestra.
Te dije que el amor no existía.
No me creíste.
10 de septiembre de 2017
XX Basta permanecer, con una única salvedad: los viles juicios del denostado infierno interior. Finjo que tengo alguna opción en la partida, pero lo prometo; será la última vez.
10 de septiembre de 2017
XXI No hay arma más poderosa en este mundo que el infierno interior.
10 de septiembre de 2017
XXII
Y un beso.
Y la verdad amarga del desvelo.
Y esta ruta empedrada, y la congoja reclamando aire,
y viento, y lluvia.
Y el vencer sin lucha.
Y el valer sin precio.
Y permanecer, sin derrota, sin falsedades.
Le escondo mi rostro al invierno, le reclamo un gramo de verdad.
El frío en la cara.
La certeza amarga.
La ciénaga escondida, la de las victorias.
La del infinito.
Allí donde cada uno busca su sitio.
9 de octubre de 2017
XXIII
En este estadio me siento pequeño, como un ente invertebrado, fuera juicios, conclusiones, fuera aspavientos, deconstrucciones. Todos saben, todos hablan, todos poseen una verdad incontestable y hay quienes, a oscuras, se refriegan las manos porque todo va sobre lo previsto.
Lo previsto es lo de siempre.
Siempre ganan los mismos.
Siempre ganan los mismos.
15 de octubre de 2017
XXIV Hay un amago de época convulsa, luces de normalidad, y de nuevo el cambio cautivado por el olvido, y la esperanza secuestrada, y el gemido de un niño. Le oculto a mis lobeznos que nada es brisa, que todo es viento, que huyamos adonde huyamos nos siguen los mil tormentos, los de quienes viven con vacío y desamor, los de quienes olvidan lo puro, lo frágil de un respiro. Le paso mi armadura a un niño y ésta centellea, doy un paso de pobre y otro de rico, y no soy nadie, mi destino es ignoto y el deseo es impío. No busco permanecer, sólo la impronta, y no es tan fácil... ¿Qué elijo?
29 de noviembre de 2017
XXV
Duele la sinrazón quejosa.
Hay un lago.
Demasiado tarde para intentarlo, el oleaje es espeso y las piernas, no responden.
Huyo y en mi huida conjuro a los Dioses, imbatibles, disconformes.
19 de diciembre de 2017
Nota: Esta entrada tuvo una primera parte que recogía algunos pensamientos y escritos (no me atrevería a llamarlos poemas) anotados en el bloc de notas del móvil durante el primer semestre del año. Pasados seis meses más ahí van unos cuantos escritos nuevos, que añado.