martes, 27 de marzo de 2018

¿Es esto deseo?




Hay un ente, oscuro, y es el deseo. El ingrávido poder de desarmarnos. El pensar, por un instante, en la longevidad de una caricia inflamada por la huella de un suspiro. Se desploma la eternidad. Y entonces el celo toma su sitio. Y no es sólo sexo, y no es destino, quizás cuatro acordes vivos concatenándose , no lo puedo explicar, no lo sentí jamás. ¿Es amor? ¿Son luciérnagas burlándose? Mi cuerpo ya no es mío y sin embargo, está. No me lo explico. Renegar, jamás.

martes, 6 de marzo de 2018

Joan Aliaga, In memoriam






"Si no queda nadie que te recuerde en el mundo de los vivos, desapareces del mundo de los muertos"
("Coco", Lee Unkrich y Adrián Molina, 2017)

Robo esta cita de mi amigo Miguel, al que conocí gracias a Joan Aliaga. Y robo la cita para recordar a Joan, probablemente quien fuera una de las personas más importantes para algunos y algunas de quienes lean esta líneas, para desearle feliz cumpleaños, para darle un abrazo en el aire... No olvidamos tu sonrisa, querido Joan.

"Coco" te hubiera gustado Joan, más que la peli de Pixar que me llevaste a ver hace ya mucho tiempo, cuando el cine Rambla aún existía y no se había convertido en un Zara. Hace poco se fue el Matraca, se fue a encontrarte, supongo, a ti y a todos a los que fuisteis demasiado pronto, dejando este agujero que nunca hemos podido llenar.

Tu guitarra está ahí Joan, la que se rompió en tu corazón, la que buscó en tus canciones esa felicidad, la brisa buscando el viento y tus cabellos, donde asomaba la primera cana, la que  nunca pudo anidar.

Nos quedamos sin tus abrazos, sin tus anhelos, sin ver el final de "Bonanza" y sin llegar a ver juntos a los Who. Y sin mirar hacia atrás, y sin seguir hacia adelante.

Te contaré que el Betis viene y va. "Jo li dic ix, a la equis, sóc català, però sóc del Betis". Te contaré que nunca más sentí emoción con ninguna mención a esa dualidad.

Don Jacinto Buenahora perdió la hora y perdió el tren, pero está contento, se perdió en el Montseny, unas damas le corrigieron esa interminable incorrección y ahora pesca en cualquier poza, igualmente desorientado.

Ilsa y Rick dejaron hace tiempo Casablanca, pero aún no están a tu lado. Tocan otra vez esa canción, siguen el movimiento de la noria, así, encadenados.

Y Joan, Prince también se fue, y ya casi nadie recuerda a ZZ Top, ni a Terrorvision. Pero nuestra enorme Christina sigue ahí, volvió Lapido, y los Rolling siguen de gira! Increíble!

Cada vez que paso delante de tu escuela te recuerdo. Y me hundo muy adentro. Y te me apareces en sueños.

Don Juan aún espera una cita conmigo, ya nadie cita a Castaneda. Ahora el acuerdo se llama sincronicidad. Los espíritus nos esperan en cualquier carretera excepto el tuyo, que está muy adentro; se niega a volar. Le molesta cada vez que alguien invoca a Peter Pan.

Y Joan, Mieres sigue existiendo. Y sigue siendo ese lugar lleno de paz. Y aún fluctúan los ecos de la Non Regresed Band. Y aún hay ecos. Y non regresed... y non regresed...

Me gustaría que volvieses. Quizá en otro tiempo, en otro lugar. En el fondo vuelves siempre. Nos vuelves a conquistar. Te queremos, te quisimos, te querremos. Feliz cumpleaños, Joan.

La Non Regresed Band
"És l'electricitat, el volum i el poder. És el rock'n'roll que no em deixa créixer" ("Sed de r'n'r", Joan Aliaga)




domingo, 25 de febrero de 2018

Un domingo cualquiera





En un domingo cualquiera, un hombre escribe, mientras espera el final:

Hablo, hablo y hablo, escribo cada día, nunca canto. Escucho las noticias, a veces pongo la radio, y pienso, pienso mucho, y me callo. Dudo, me salgo del cuadro, grito para adentro y para adentro salto, me embarco y mi barco zozobra, sobrevivo al naufragio, no le doy coba, habrá un mañana...

Hablo, hablo y hablo, y pienso, y me inquieto, y hago cuentas y dudo si llegar a fin de mes. Hoy he entrado en quiebra. Me da igual. Mañana será otro día, otra vez.

Finjo este miedo. Bueno, no es cierto, este miedo me esquiva. Hay quien ha sabido domarlo. Es como un vértigo insalvable. Salgo afuera, oigo un llanto. El miedo me rodea. Me acurruco y me dejo abrazar en este instante.

Da igual, en parte, todo da igual. El final ya está escrito, incluso antes de antes. No se escapa ni un ser vivo. Y el mar, mientras tanto, y el mar....  Se adentra en el bosque.
Espero mientras tanto.

domingo, 11 de febrero de 2018

Paradero desconocido








En un agujero, vil y tramposo, se metió el mercenario con sus cuatro dedos ensangrentados, dos de ellos semejantes a culebras danzantes, sin armas ni gritos ni proezas. No siento las manos cuando me acuerdo del vil crimen, del desenlace, no siento el corazón latiendo, no siento ganas, no siento deseo, no oigo si dudas, no quiero ahogarme en tu mar.

Despierto, el silencio me hunde  en este invierno y asumo el destino incierto. Cierro los ojos, le veo, al albur de la bruma desencadena su azote de desenfrenos. Busco calma y siento hastío, nada cambia, siempre gana el mercenario en su quejido, reniega y llena el agujero de sombras, como en una caldera. Nos espera el parnaso y no hemos hecho nada. Tan quejosos y tan inmóviles. Nos ha ganado esta sucinta, ingrata, rutina absurda; el aburrimiento de seguir siendo más de lo mismo.

martes, 30 de enero de 2018

La crisis de los 50 (I)






Es un  poco pronto para tener la crisis de los 50 sin tener 50, pero como el acontecimiento es cercano, aunque no inminente, quizá sea un buen momento para utilizar el poder liberador de la palabra para asomarme al auténtico abismo que intuyo ante mí.
Me siento en la cumbre de la montaña rusa, sentada en la carretilla y con el cinturón bien abrochado, en ese momento de pausa antes de que la carretilla se deslice, primero lentamente y luego a gran velocidad, por raíles que me conducirán a la ingravidez, sin más combustible que el pánico y sin más desenlace que el único desenlace posible.
Es esa sensación de estar en el inicio del declive, cuando ya no es posible escribir, sino reescribir. Puede que haya algo nuevo que aún esté a nuestro alcance (plantar un árbol o algo así), pero si no lo hicimos antes fue quizá porque creímos que no era importante, o que no éramos capaces. A cambio hemos perseguido obstinadamente, a menudo con criterios equivocados, el amor verdadero, la felicidad plena, la realización, la satisfacción.
El mundo es pequeño y a la vez está hecho de pequeñas cosas. Estamos poco acostumbrados a mirar la vida despacio, todo ha pasado muy rápido. Y hay cierta sensación de involución, hay cosas que son peor que antes. Pero estamos aquí agarrados a la vida, y yo lo haré, bien agarrada a mi carretilla para no salir despedida.


(La canción que yo cantaba antes de los 5 años.)

martes, 23 de enero de 2018

"El vacío que nos impide vivir"










A veces las cosas ocurren a destiempo... Un objetivo, un sueño, un anhelo, nos esperan como la doblez en la esquina de un libro, para cuando sea el momento.

El ansia nos devora, la inquietud, el lento caminar del tiempo. "El tiempo se arrastra a su paso mezquino", decía Harvey Keitel en un film precioso, parafraseando al Paul Auster de la cotidianidad, al de los pequeños milagros, al Auster de la casualidad.

El tiempo nos arrastra tras de sí, nos doblega. Pretendemos imitar su paso, pero el tiempo se toma su tiempo. Le observamos inquietos. Se muda y se preserva. Se convierte en futuro al tiempo que nos obliga a pasar ciertas pruebas; la tranquilidad, la quietud, la paciencia.

El futuro, no obstante, según leí que dice Agustín García Calvo, “es el vacío que nos impide vivir”.

Algo de eso hay en este rincón cósmico. Algo de eso hay en las veredas de infelicidad, en los oasis de silencio, en los bosques de palmeras. Algo de eso hay lejos de aquí, a lomos de una ola, en el centro del castigo, en la mano en el pecho, en el absurdo del cinismo.

Crecer para adentro, o para afuera. No hay ninguna respuesta. 

Sólo la espera.




domingo, 21 de enero de 2018

Yugoslavia, 2018


Tengo recuerdos muy opacos de aquella vez en Belgrado, de camino hacia Grecia, hace casi treinta años.Conocimos a un grupo de universitarios que recitaban a Lorca en español. Nos llevaron de fiesta por la ciudad, bebimos y bailamos toda la noche. La cerveza era fuerte y barata, las botellas grandes.... Cambiamos dinero y nos dieron un millón, nuestro primer millón. Descubrimos una pequeña tienda de vinilos, y allí compré tres veces más barato que aquí el "War", de U2. Yugoslavia era un país. La guerra en los Balcanes estaba a la vuelta de la esquina. Nuestros amigos ya nos hablaron del enemigo, sin empatía, con desprecio. Muchas veces me he preguntado si les mandaron al frente, si salieron de allí vivos. Ya no volvimos a saber de ellos, no nos llevamos ni una sola dirección. Yugoslavia ya no existe.

Les recuerdo ahora, en 2018, cuando se cumplirán cien años del fin de la I Guerra Mundial, cuando nació Yugoslavia. Ese año cambió algo más, se inició una nueva etapa, el viejo mundo se moría y dio paso al nuevo. Cien años más tarde ese nuevo mundo es algo más que un ocaso, algo más que un destello. Es una especie de herida que se va agrandando, la herida de las desigualdades, del desconcierto. No hay nada nuevo, es cierto. Siempre ha sido así. A veces hemos creído que los de abajo, podíamos cambiar esa energía. Pronto hará 50 años del Mayo del 68. Del haz el amor, y no la Guerra, del "We Shall Overcome" de la época. Hemos ido dejando por el camino esa esperanza, ese regocijo, y seguimos en un mundo de diferencias y de conflictos. Seguimos celebrando las llegadas de los nuevos años. Y recordando aquello que pasó, ya fueran revoluciones, o fueran ilusiones, como algo que pasó, dispuestos a olvidarlo.